lunes, 27 de agosto de 2012

SE ME ASOMA TU NOMBRE



Se me asoma tu nombre
y me lo trago. 
Y me quedo rumiando un sabor a recuerdo. 
Siempre escondo tu nombre. 
Lo disfrazo, lo achico, lo dejo pequeñito y lo amo.


Cuando me da por quererte, 
igual que si me da rabia. 
Te quiero hasta que me duele. 
¿Cómo alzar un canto y nombrarte? 
Y que nadie pregunte el porqué de tu nombre. 
¿Cómo decir que estos ojos que canto, son tus ojos? 
Y ese pelo, 
tu pelo. 
¿Cómo cantar tu tibieza carnal y nombrarte? 
¿Cómo? 


Todo iba bien,
hasta que apareció el camino que te ausenta medio día. 
Y quedo esperando tu tardanza de siembra.

 
Yo sé que hay otras voces 
que no son voces mías; 
que se arrastran las horas; que me tiembla la vida. 


Y quiero tu regreso apurado de dudas. 
Recontaré tu cuerpo, tu mirada y tu boca. 
Pero hay algo que va, 
que va bajo tu piel que yo no puedo ver; 
bajo tu piel va algo que yo no puedo ver. 

Te adiviné algún sentir secreto. 
Y los celos pusieron palabras gruesas en mi boca.

 
¿Y quién va a decir tu nombre despacio en las gaviotas? 
¿Y va a esperar que el mar se lo devuelva, enredado de algas, 
jineteando tormentas, manchadito de cielo, rumoroso y queriéndome? 
¿Quién? 

Hoy nombraste, tanteando que te oyera, un tal no sé qué cariño nuevo. 
Yo no lo oí, por cierto. 

Te tomó la cintura. 
Yo estaba atento en otra cosa. 
Te llamó por tu nombre y jugó con tu pelo. 
Luego, empezó a ponerse triste la mañana. 


Un día voy hacer que tengas 
un largo martes 30 triste en la mañana. 

Voy a jugar al olvido. 
Y te apuesto que gano. 
Sé que eres buena olvidando, pero voy dispuesto a todo. 
Hasta jugar al morirme. 

Y te apuesto que te gano. 

Se me asoma tu nombre 

y me lo trago 
Y me quedo rumiando un sabor a recuerdo. 
Siempre escondo tu nombre. 
Lo disfrazo, lo achico, lo dejo pequeñito y lo amo.


miércoles, 22 de agosto de 2012

LO ÚNICO VISIBLE

Revisando, encontré un cuento que escribí hace un par de años. Hablaba de Beatriz y sobre la imposibilidad de Beatriz. Cuando terminé de leerlo, descubrí que lo único rescatable del cuento era la frase "y es quizá la noche lo único visible".

miércoles, 1 de agosto de 2012

LA MUERTE

Los criados levantaron el catre, rodearon las tiendas verdes y bajaron la pared rocosa hasta la planicie; pasaron junto a las fogatas en la que ahora ardía una viva llama, la hierba ya consumida del todo y el viento avivando el fuego, y llegaron hasta el avión. Fue difícil subirlo, pero una vez dentro se recostó en el asiento de cuero, y la pierna quedó bien recta a un lado del asiento de Compton. Compton puso en marcha el motor y subió a la avioneta. Dijo adiós con la mano a Helen y a los criados, y a medida que el traqueteo se transformaba en el conocido rugido de siempre, dieron media vuelta, con Compie atento a los socavones hechos por los jabalíes y el rugido se extendió por la explanada delimitada por las fogatas, y la recorrieron dando botes; con el último bote alzaron el vuelo y él los vio a todos allí abajo, saludando con la mano, y el campamento situado junto a la colina, más llano ahora, y la planicie cada vez más vasta, arboledas, y la maleza allanándose y las huellas que seguían los rebaños discurrían tersas hasta las charcas secas, y había una nueva que nunca había visto. Las cebras ahora de lomos pequeños y redondeados, y los ñúes, unos puntitos cabezudos parecían ascender mientras se movían como largos dedos por la planicie, desperdigándose en cuanto la sombra los alcanzaba, qué diminutos eran ahora, y no había galope en el movimiento, y la planicie que se perdía en la distancia, ahora gris amarillenta, y delante la espalda de tweed del viejo Compie y el sombrero de fieltro marrón. Luego ya estaban sobre las primeras colinas y los ñúes saltaban hacia ellos, y luego vieron montañas con repentinas gargantas de bosques verdes y las sólidas laderas de bambú y de nuevo el espeso bosque, esculpido en cimas y depresiones hasta que lo cruzaron, y las colinas se suavizaban y apareció otra planicie, caliente ahora, de un marrón púrpura, y el calor producía un traqueteo, y Compie volvió la cabeza para ver cómo iba él. Y luego delante de ellos hubo otras montañas oscuras.
Y entonces, en lugar de ir a Arusha, giraron a la izquierda y él se dijo que tenían gasolina suficiente, y al mirar abajo vio una nube de color rosa que se deshilachaba, moviéndose sobre el suelo y en medio del aire, como la primera nieve de una tormenta que aparece de la nada, y supo que las langostas llegaban del sur. Entonces comenzaron a descender y dio la impresión de que iban hacia el este, y entonces todo se oscureció y hubo una tormenta, y el agua era tan espesa que parecía que volaran a través de una cascada, y salieron de la tormenta y Compie se volvió hacia él y le sonrió y le señaló algo con el dedo y allí, delante, todo lo que pudo ver, tan ancha como todo el mundo, inmensa, alta e increíblemente alta al sol, fue la cumbre cuadrada del Kilimanjaro. Y entonces supo que era allí a donde se dirigía.

Justo en ese momento la hiena dejó de gimotear en medio de la noche y comenzó a producir un sonido extraño, humano, casi de llanto. La mujer lo oyó y se agitó inquieta. No se despertó. Soñaba que estaba en su casa de Long Island y que era la noche antes de la presentación en sociedad de su hija. El padre de la chica estaba allí, y había sido muy grosera. Entonces la hiena emitió un sonido tan fuerte que la despertó, y por un momento no supo dónde estaba y tuvo mucho miedo. Cogió la linterna, la encendió y la dirigió hacia el otro catre que habían entrado después de que Harry se durmiera. Vio su cuerpo bajo de la mosquitera, pero había conseguido sacar la pierna del catre, y ahora le quedaba colgando. El vendaje se había deshecho y estaba en el suelo, y ella fue incapaz de mirar. 
-Molo –llamó-. ¡Molo! ¡Molo!
Entonces dijo:
-¡Harry, Harry! –y aún subió más la voz-. ¡Harry! Por favor. ¡Oh, Harry!
No hubo respuesta y no lo oyó respirar.
Fuera, la hiena emitió el mismo sonido que la había despertado. Pero ella no lo oyó por culpa de los latidos de su corazón.