¿De qué
hablaba?, se pregunta Bibiano. Sería importante, escribe en su carta, que lo
recordase, pero por más esfuerzos que hago es imposible. Lo cierto es que Bibiano
aguantó hasta donde pudo, luego dijo hasta luego de forma más bien atropellada
y se marchó. En la escalera, poco antes de salir a la calle, encontró a
Verónica Garmendia. Ésta le preguntó si le pasaba algo. ¿Qué me puede pasar?,
dijo Bibiano. No lo sé, dijo Verónica, pero estás blanco como el papel. Nunca olvidaré
esas palabras, dice Bibiano en su carta: pálido como una hoja de papel. Y el
rostro de Verónica Garmendia. El rostro de una mujer enamorada.
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