lunes, 1 de agosto de 2011

PARA OBJETOS SOLAMENTE

masiado para mí. Bien
sabes cómo aprecio
tu inteligencia y tu sen
sibilidad, bien sabés
la imprudente esperan
za que puse en vos,
en tu capacidad de
recuperación, en tus
esfuerzos por volve
r a la normalidad como
única y comprensible
, exigencia que te impongo
para compensar mi a
mor de tantos años, de
tantos desencantos, de
tantas hermosas y falsas
pistas. Creo que en
el fondo estarás de
acuerdo conmigo: es i
nútil insistir. Estoy
segura de que me q
uerés y que querés
mi modesta felicidad
tal como yo quiero
la tuya, pero, buen
as o malas, hay en ti
y en mí, zonas inco
mpatibles: la de tu
inevitable y morbos
a inclinación por Manuel,
y la de mi incurab
le resistencia (llamale
prejuicios, anacronis
mo lo que quieras.) a
insistir en quererte
, consciente como soy de que
no podés ni podr
ás nunca entenderte con un
cuerpo de mujer, as
í sea tan corriente como el
mío. Te juro que
miro mi propia e irrevocable
decisión con extr
aña melancolía. Acaso se deba
a que nunca h
asta ahora había querido resig-
narme a enfren
tar la realidad, que en mi caso
es sencillamente
tu realidad. Mirá si seré in-
corregible que a
quí te dejo aquel pañuelo
rojo que María
Elena me trajo de Italia y

No hay comentarios:

Publicar un comentario