Tan de repente no. No de improviso.
Despierta en lo remoto
como un perro enroscado a un lejano rumor
o sube por los miembros como una fiebre dulce,
un quebranto apenado con burbujas de grito;
un cóncavo reflejo
que excava las entrañas mansas del animal.
Viene luego hacia fuera
y el paso se hace frágil
y el gesto como vidrios
y la sílaba torpe y el pecho de ansiedad.
Y un abismo sin techo donde pesaba el cuerpo,
en los hilos del aire o en la memoria o sombras
del henchido de nada que pugna por seguir.
Algo anida en los huecos, algo oscuro,
un fardo ya de muerte
o su muda quietud, la no invocada
cuenta:
el miedo tan extraño,
decrépito, infantil,
peor que lo temido.
Carlos Barral, en Usuras y Figuraciones (1979)
No hay comentarios:
Publicar un comentario