domingo, 1 de mayo de 2011

VACIADO DEL MIEDO

Tan de repente no. No de improviso.

Despierta en lo remoto
     como un perro enroscado a un lejano rumor
     o sube por los miembros como una fiebre dulce,
     un quebranto apenado con burbujas de grito;
     un cóncavo reflejo
     que excava las entrañas mansas del animal.

Viene luego hacia fuera
     y el paso se hace frágil
     y el gesto como vidrios
     y la sílaba torpe y el pecho de ansiedad.
     Y un abismo sin techo donde pesaba el cuerpo,
     en los hilos del aire o en la memoria o sombras
     del henchido de nada que pugna por seguir.

Algo anida en los huecos, algo oscuro,
     un fardo ya de muerte
     o su muda quietud, la no invocada
     cuenta:
     el miedo tan extraño,
     decrépito, infantil,
     peor que lo temido.



Carlos Barral, en Usuras y Figuraciones (1979)

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