sábado, 16 de octubre de 2010

BILDUNGSROMAN I

(para C.C.)

De los pocos recuerdos que me quedan de Beatriz, conservo una carta que me escribió su hermana. Está fechada el primero de septiembre de xxxx y hasta hace un par de meses la releía para acordarme que el camino aún era de barro; para entender que el final con Beatriz tenía un comienzo y la carta de Renata lo probaba; para viajar en el tiempo, en definitiva, y detenerme en el momento justo en que todo se había ido a la mierda y quedarme ahí en silencio, sin moverme. Hoy la lectura me parece distinta. Las dos páginas escritas con letra pulcra y tinta dorada, repleta de buenos deseos, de consejos y promesas incumplidas, me llevan a un fin de semana menos nocivo, al epílogo de una tarde de sábado luminosa en el centro, después de un par de cervezas oscuras y densas, dosis suficiente como para dejar a dos niños en la frontera de la sobriedad. Los detalles, a continuación:

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